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domingo, 24 de junio de 2012


Meditación ante el cráneo de Schiller

Era el lúgubre osario... en orden, mudos...
quédome absorto al remirar la fila
de cráneos polvorosos y desnudos;

y atónito, nublada la pupila
en la visión, soñé los tiempos idos...
y fue el pasado en su mudez tranquila.

Los que tanto se odiaron, ora unidos,
rozándose, mezclaban los despojos
de duros huesos en la lid partidos,

y acostados en cruz ante mis ojos,
en posición de beatitud serena
dormían dulcemente sus enojos:

vi en sueltos eslabones la cadena
de omóplatos en tanto el mundo ignora
¡qué fardo les impuso la condena!

Y aquellos miembros ágiles de otrora,
manos y pies de gracia floreciente,
muestran su lasitud separadora...

Fatigados mortales, vanamente
a lo largo tendidos en la fosa,
ni allí gozáis de la quietud clemente

¿Quién ama la ruina pavorosa
ya así desnuda en la inquietud del día
y urna otro tiempo de beldad dichosa?

Esa yerta escritura me decía
a mí el devoto, lo que extraña gente
signos sagrados no leía.

Súbito en medio del montón yacente,
descubro al fin la fúlgida cabeza
sin par, helada, enmohecida, ausente,

y siento reanimarse mi tristeza
con secreto calor, y d'ese abismo
un raudal con vívida presteza,

Lléname de hondo encanto el cataclismo
al ver en esa huella soberana
divina concepción de hondo mutismo...

Y va mi mente hacia la mar lejana,
que hace y destruye formas en su seno
aún más perfectas que la forma humana.

Vaso de enigmas, otro tiempo lleno
de oráculos, mi mano desfallece:
no puedo alzarte en ademán sereno.

¡La podre lavaré que te ensombrece,
tesoro sin igual, y en aire puro
ya libre sol donde el pensar florece!

No logra el hombre en su sondar oscuro
captar el todo que la vida escancia
si Dios-natura cede a su conjuro

y le dice por qué de la sustancia
deja exhalar su espíritu que crea,
y cómo permanece en la sustancia
su dinamismo genitor: ¡la idea! (Johann Wolfgang von Goethe)



Ergo bibamus

Unidos aquí estamos para una acción laudable;
por tanto, hermanos míos, arriba. Ergo bibamus!
Resuenen nuestros vasos y callen nuestras lenguas;
levantar vuestras almas muy bien. Ergo bibamus!

He aquí una sentencia tan vieja como sabia;
conserva su vigencia hoy lo mismo que antaño,
y un eco nos aporta de espléndidos festines,
esta jovial y grata consigna: Ergo bibamus!

Hoy he visto a mi dulce amada placentera;
al punto fui y me dije: "Bueno está. Ergo bibamus!"
Me acerqué sin recelo y ella me acogió bien.
Y entonces repetí mi alegre Ergo bibamus!

Mas lo mismo si os mima y os acaricia y besa,
que si nos niega adusta su corazón y brazos,
¿qué recurso nos queda, mientras no nos sonríe,
que de nuevo apelar al viejo Ergo bibamus!

De los amigos lejos cruel destino me lleva.
¡Oh fieles camaradas! ¿Qué hacer? Ergo bibamus!
Ya me marcho cargado con liviano bagaje;
quiere decir se impone un doble Ergo bibamus!

Y aunque a veces el cuerpo la carcoma nos roa,
nunca de la alegría vacío el tesoro hallamos;
que el alegre al alegre suele prestar rumboso,
así que, hermanos mios, ¡venga un Ergo bibamus!

Ahora bien: ¿qué debemos cantar en este día?
¡Yo tan sólo pensaba cantar Ergo bibamus!
Pero recuero ahora su especial importancia;
así que alzar las voces. De nuevo Ergo bibamus!

Este día se nos mete la dicha por la puerta;
resplandecen las nubes, tiembla el trigo dorado;
y una imagen divina brilla ante nuestros ojos;
así que alegremente cantad Ergo bibamus! (Johann Wolfgang von Goethe)