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viernes, 22 de junio de 2012


HIMNO A LA NOCHE III

Antaño,cuando yo derramaba amargas lágrimas;cuando, disuelto en dolor, se desvanecía mi esperanza;cuando estaba en la estéril colina,que, en angosto y obscuro lugar albergaba la imagen de mí –solo, como jamás estuvo nunca un solitario,hostigado por un miedo indecible–sin fuerzas, pensamiento de la miseria sólo.Cuando entonces buscaba auxilio por un lado y por otro –avanzar no podía, retroceder tampoco–y un anhelo infinito me ataba a la vida apagada que huía:entonces, de horizontes lejanos azules –de las cimas de mi antigua beatitud–,llegó un escalofrío de crepúsculo,y, de repente, se rompió el vínculo del nacimiento,se rompieron las cadenas de la Luz.Huyó la maravilla de la Tierra, y huyó con ella mi tristeza –la melancolía se fundió en un mundo nuevo, insondableebriedad de la Noche, Sueño del Cielo–,tú viniste sobre míel paisaje se fue levantando dulcemente;sobre el paisaje, suspendido en el aire, flotaba mi espíritu,libre de ataduras, nacido de nuevo.En nube de polvo se convirtió la colina,a través de la nube vi los rasgos glorificados de la A
Cogí sus manos. y las lágrimas se hicieron un vínculo centelleante, indestructible.Pasaron milenios huyendo a la lejanía, como huracanes.Apoyado en su hombro lloré;lloré lágrimas de encanto para la nueva vida. –Fue el primero, el único Sueño.–Y desde entonces,desde entonces sólo,siento una fe eterna. una inmutable confianza en el Cielo de la Noche,y en la Luz de este Cielo: la Amada.(Novalis)
HIMNO A LA NOCHE II

¿Tiene que volver siempre la mañana?¿No acabará jamás el poder de la Tierra?Siniestra agitación devora las alas de la Noche que llega.¿No va a arder jamás para siempre la víctima secreta del Amor?Los días de la Luz están contados;pero fuera del tiempo y del espacio está el imperio de la Noche. –El Sueño dura eternamente. Sagrado Sueño.–No escatimes la felicidada los que en esta jornada terrena se han consagrado a la Noche.Solamente los locos te desconocen, y no saben del Sueño,de esta sombra que tu, compasiva,en aquel crepúsculo de la verdadera Nochearrojas sobre nosotros.Ellos no te sienten en las doradas aguas de las uvas,en el maravilloso aceite del almendroy en el pardo jugo de la adormidera.Ellos no saben que tú eresla que envuelves los pechos de la tierna muchachay conviertes su seno en un cielo,ellos ni barruntan siquieraque tú,viniendo de antiguas historias,sales a nuestro encuentro abriéndonos el Cieloy trayendo la llave de las moradas de los bienaventurados,de los silenciosos mensajeros de infinitos misterios. (Novalis)