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martes, 3 de julio de 2012


ROMANCE DE ABENÁMAR

-¡Abenámar, Abenámar,  moro de la morería,
el día que tú naciste  grandes señales había!
Estaba la mar en calma,  la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace  no debe decir mentira.

Allí respondiera el moro,  bien oiréis lo que diría:
-Yo te lo diré, señor,  aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro  y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho  mi madre me lo decía
que mentira no dijese,  que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,  que la verdad te diría.
-Yo te agradezco, Abenámar,  aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?  ¡Altos son y relucían!

-El Alhambra era, señor,  y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,  labrados a maravilla.
El moro que los labraba  cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra,  otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,  huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,  castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,  bien oiréis lo que decía:
-Si tú quisieses, Granada,  contigo me casaría;
daréte en arras y dote  a Córdoba y a Sevilla.
-Casada soy, rey don Juan,  casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene  muy grande bien me quería.(Romancero)


DE FRANCIA PARTIÓ LA NIÑA

De Francia partió la niña,  de Francia la bien guarnida,
íbase para París,  do padre y madre tenía.
Errado lleva el camino,  errada lleva la guía,
arrimárase a un roble  por esperar compañía.
Vio venir un caballero  que a París lleva la guía.
La niña, desque lo vido,  de esta suerte le decía:
-Si te place, caballero,  llévesme en tu compañía.
-Pláceme, dijo, señora,  pláceme, dijo, mi vida.
Apeóse del caballo  por hacerle cortesía;
puso la niña en las ancas  y él subiérase en la silla.
En el medio del camino  de amores la requería.
La niña, desque lo oyera,  díjole con osadía:
-Tate, tate, caballero,  no hagáis tal villanía,
hija soy de un malato  y de una malatía,
el hombre que a mi llegase  malato se tornaría.
El caballero, con temor,  palabra no respondía.
A la entrada de París  la niña se sonreía.
-¿De qué vos reís, señora?  ¿De qué vos reís, mi vida?
-Ríome del caballero  y de su gran cobardía:
¡tener la niña en el campo  y catarle cortesía!
Caballero, con vergüenza ,  estas palabras decía:
-Vuelta, vuelta, mi señora,  que una cosa se me olvida.
La niña, como discreta,  dijo: -Yo no volvería,
ni persona, aunque volviese,  en mi cuerpo tocaría:
hija soy del rey de Francia  y la reina Constantina,
el hombre que a mí llegase  muy caro le costaría.(Romancero)

ROMANCE DE FONTEFRIDA

Fontefrida, Fontefrida,  Fontefrida y con amor,
do todas las avecicas  van tomar consolación,
si no es la tortolica  que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera pasar  el traidor del ruiseñor,
las palabras que él decía  llenas son de traición;
-Si tu quisieses, señora,  yo sería tu servidor.
-Vete de ahí, enemigo,  malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde,  ni en prado que tenga flor,
que si hallo el agua clara,  turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido,  porque hijos no haya, no,
no quiero placer con ellos,  ni menos consolación.
Déjame, triste enemigo,  malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga  ni casar contigo, no.(Romancero)